Por Edgardo Peretti

Un día volvió el sol a las mañanas de mi pueblo. Tenue, tímido y con pocas ganas de quedarse. Eso era en el inicio del viernes hasta que la realidad del celu trajo una noticia que empañó el corazón del fútbol nuestro. Se fue José María Ruata. El ‘Cabezón’.

Hijo dilecto del Negro Gallardo y tallado a imagen de semejanza de su querido Sportivo, apareció en la primera división en un momento de gloria del Negro; títulos locales, regionales y figuras de todo nivel que llegaban para esos compromisos, muchos de ellos con tránsito glorioso (pasado o futuro) en equipos y camisetas.

Era un jugador diferente, dueño de un talento innato que lo llevaba a manejar los momentos de la jugada a sus propios tiempos que eran pura belleza.

Estética de imagen y fútbol de nivel. Hace muchos años le hice su primera nota para La Opinión junto a su hermano de vida que es el ‘Pachi’ Isaurralde. La ilustramos con una foto juntos en la plaza 25. Aún circula por las redes. Dos pibes sonrientes con la vida por delante.

Siempre las imágenes dominan los recuerdos. Este viernes estuvimos recorriendo archivos y lo vimos en épocas de gloria sportivense y en todo equipo en que jugó. Es que, además de un gran jugador era un tipo bueno y querido.
En un rincón de la Liga hay un poster de los campeones juveniles de la provincia de 1981. Allí están José Restelli, Fabián Giordano, ‘Puchi’ Gentile, Javier Bainotti, Belcott, Suárez, Adrián Mezzadri, los mellizos Costamagna, Sanmartino, entre otros. Fue lo primero que fui a ver después de conocer la infausta noticia. “Pachi” me lo contó llorando y compartimos lágrimas, igual que cuando se lo dije al ‘Cabezón’ Marchi; y así debe haber sido en todo el día.

Sportivo llora a uno de sus últimos ídolos. Sin pudores, con esa sinceridad que solo el afecto genera y fabrica. El fútbol nuestro se asocia y acompaña. Quien esto escribe está seguro que en algún lugar hay una cancha inmensa donde los que amaron y vivieron para el fútbol siguen jugando.

Atención señores: llegó el pibe de Sportivo. Hagan un lugar en el equipo. No defrauda seguro.

Chau, querido ‘Cabezón’. Seguí jugando con la misma alegría que lo hiciste siempre.

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